La economía de las APIs ya es una realidad, aunque la mayoría de personas raramente caiga en cuenta de ello. Es comprensible, dado que, a diferencia de otras tecnologías disruptivas, como el cloud computing o la inteligencia artificial,  las APIs (en inglés, Aplication Programming Interfaces, o interfaces de programación de aplicaciones) nunca tienen contacto directo con el usuario humano. Posiblemente por eso no las “sentimos”, sin embargo, están presentes y son esenciales en innumerables procesos.

Las APIs son interfaces que operan “tras bambalinas” conectando aplicaciones, plataformas y sistemas, de forma que puedan compartir información, y facilitando el desarrollo de servicios a partir de datos generados por terceros. Son APIs las que facilitan, por ejemplo, que un usuario reserve y compre un pasaje aéreo a través de una página web que realiza búsquedas en todas las líneas aéreas disponibles y, luego, se conecta con servidores seguros para validar la información de la tarjeta de crédito del comprador. Asimismo, son APIs las que permiten que un usuario se registre en una aplicación o servicio usando sus credenciales de otro servicio, como sus cuentas de Google o Facebook. Y también hay APIs detrás de Google Maps, y eso es lo que permite que diversos servicios de taxis usen esos mapas en sus propias aplicaciones.

En realidad, detrás de prácticamente cualquier dispositivo que se conecta a un servicio hay, al menos, una API que permite el intercambio de información. Como señala un reporte de Gartner, las APIs “hacen más fácil integrar y conectar personas, lugares, sistemas, data, cosas y algoritmos, crear nuevas experiencias de usuario, compartir data e información, autenticar gente y objetos, aprovechar algoritmos de terceros y crear nuevos productos/servicios y modelos de negocios”. Las posibilidades que ofrece este entorno son virtualmente ilimitadas.

¿Qué implica el surgimiento de la economía de las APIs para las empresas? Estas son algunas claves:

  • Eficiencia y reducción de costos. Las APIs ofrecen mucha flexibilidad. Facilitan e incentivan la tercerización (outsourcing) y permiten que los recursos de las empresas se orienten en las tareas que sí ofrecen ventajas competitivas. Asimismo, facilitan la migración hacia plataformas más económicas sin afectar los procesos. Como señala David Berlind, editor jefe de Programmable Web, en el entorno de las APIs es perfectamente factible que una empresa deje un costoso mainframe y migre hacia un servidor basado en Linux. Siempre que los términos de la API se mantengan invariables, los usuarios no notarán la diferencia.
  • Nuevas oportunidades de negocio. Para prosperar en la economía de las APIs es fundamental entender que estas ya no son simples herramientas o facilitadores, sino productos y servicios en sí mismos. Una API se puede vender y puede ser la piedra angular de un modelo de negocio. Quizás el primero que entendió la profundidad del concepto y lo aplicó a plenitud fue Jeff Bezos, cuando dispuso en 2002 que todos los equipos de trabajo de Amazon debían reestructurarse de manera tal que se conviertan en proveedores de servicios, no solo disponibles dentro de la empresa, sino también fuera. Actualmente, muchas de las API desarrolladas por Amazon son públicas y son usadas por numerosos, pequeños, medianos y grandes negocios. Precisamente, Amazon es en la actualidad uno de los principales jugadores en el mercado global de APIs.
  • Nueva cultura organizacional. Un uso eficaz de las APIs demanda que las organizaciones se adapten a un nuevo modelo basado en servicios, donde cada área es consumidora y proveedora para las demás, según parámetros establecidos en las APIs. Este cambio permite la eliminación de redundancias (procesos que se repiten, a veces con resultados contradictorios) y agiliza los procesos.
  • Futuro promisorio. La economía de las APIs recién está en una fase inicial. El desarrollo de tecnologías como el Internet de las Cosas (IoC) promete llevarla a un nuevo nivel. Detrás de todos los objetos conectados a internet, habrá al menos una API. Las posibilidades son virtualmente infinitas.
  • Riesgos. Las APIs deben ser fáciles de usar, estables y, sobre todo, seguras. Como recalca un reporte de Deloitte, estas operan permanentemente en la red y pueden ,de manera no intencional,  exponer las debilidades de un código pobremente diseñado, y que no estaba preparado para ser usado intensamente o de forma escalable. Como todo lo que involucra tráfico de información en las APIs, la seguridad es un factor fundamental.

Entre los potenciales grandes beneficiados por el uso creciente de APIs, se destaca el sector público. Al permitir que distintas agencias gubernamentales compartan la información que generan (registros de identidad, registros públicos, historiales médicos, registros policiales, penales y judiciales, y un largo etcétera) y que esta pueda ser utilizada por otras agencias (y también por los privados), las APIs tienen el potencial de convertirse en piedras angulares del e-government.

Finalmente, lograr la interoperatividad entre todas las agencias estatales que producen información relevante, permitiría reducir trámites, acelerar procedimientos y mejorar la calidad de la atención al ciudadano en todos los niveles. Nuevamente, en este ámbito, las APIs ofrecen posibilidades virtualmente ilimitadas.

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