Si hay algo que le quita el sueño a los CEO contemporáneos es la transformación digital. En 2015, una encuesta publicada por la revista Fortune mostró que este tema era la principal preocupación en cuatro de cada cinco gerentes generales de grandes empresas. Dos años después, el panorama no ha cambiado, por el contrario,  la presión sobre las organizaciones es cada vez mayor. La disyuntiva es transformarse y abrazar las nuevas tecnologías, o resignarse a la obsolescencia competitiva más pronto que tarde.

Sin embargo, el camino de la transformación digital está plagado de dificultades. La principal resistencia, sobre todo en las grandes organizaciones,  suele ser interna. La cultura tradicional, el miedo al cambio y la presión por buenos resultados, son obstáculos que es preciso identificar y enfrentar. Es importante, por ello, que la decisión de emprender la transformación cuente con un amplio y sólido respaldo del directorio y la alta gerencia. Este es, antes que nada, un proceso top-down. Y para ello es importante evitar malentendidos. A continuación, presentamos cinco ideas erróneas respecto a la transformación digital que son capaces de arruinar cualquier iniciativa.

  1. La transformación digital consiste en invertir en tecnología. Un error muy frecuente, y costoso, es creer que la organización evolucionará de manera natural si se le proporciona las herramientas tecnológicas adecuadas. La realidad es que la transformación digital es, primero que nada, un proceso que involucra a las personas. Invertir en tecnología de punta y no darles a los trabajadores el entrenamiento necesario para poder sacarle provecho,  es una receta segura para el fracaso, advierte Daniel Newman, CEO de EC3. Antes de sacar la chequera y adquirir una herramienta, evalúe si su organización estará en condiciones de sacar todo el provecho posible y si esta mejorará la experiencia para sus clientes. Cualquier compra que no cumpla con estos dos requisitos será una pérdida de tiempo y dinero.

En una línea parecida, Deloitte advierte que lo que separa a los líderes de la economía digital, del resto de organizaciones, no es la tecnología que utilizan, sino una estrategia clara, una cultura y un liderazgo orientados hacia la transformación. Primero hay que trazar los objetivos y obtener el respaldo necesario para ir por ellos: luego se definirá cuál es la mejor herramienta para conseguirlos.

  1. Crear un laboratorio de innovación es el camino hacia la transformación. Cada vez son más las empresas que optan por esta ruta, que esencialmente consiste en crear una ‘zona liberada’, lo más aislada posible de la cultura corporativa tradicional, que sirva para incubar las ideas innovadoras. No está mal, pero los laboratorios deben ser una estación de paso hacia la verdadera transformación, que más temprano que tarde tendrá que extenderse  toda la organización. De lo contrario, el riesgo es que los laboratorios se conviertan en silos de innovación, con impacto limitado.

Un reciente artículo de Forbes insiste en que el papel de los Chief Information Officers está cambiando: unos de sus focos debe ser destruir los silos, permitir que la colaboración entre áreas sea más fácil y generar más espacio para la innovación. A la larga, toda la organización deberá adoptar la lógica de un laboratorio: experimentar, hacer prototipos, poner a prueba y descartar rápidamente las malas ideas es la consigna.

  1.  La consigna es cambiar a cualquier precio. Suele repetirse como un mantra de la modernidad: el que no cambia es porque está muerto. No siempre es así. Cambiar sin tener claro por qué se cambia es también una receta para morir. Es preciso repetirlo una vez más: en la transformación digital, lo primero es la estrategia, los objetivos y el respaldo. McKinsey & Company señala que cualquier proceso de transformación digital consta de tres etapas. La primera es “definir el valor” y consiste en tres acciones fundamentales: 1) Asegurar el respaldo al más alto nivel, 2) Fijar los objetivos y 3) Asegurar la inversión necesaria. Solo después de eso, empezaremos a hablar de proyectos y, más adelante, de escalabilidad.

Si no tenemos claro cuáles son nuestros objetivos y no contamos con el respaldo necesario, corremos el riesgo de cambiar cosas que no necesitan ser cambiadas. La transformación digital no es una huida hacia adelante en estampida, sino un proceso articulado y fríamente calculado.

  1. La transformación es un cambio profundo y completo. La transformación es un proceso, no un salto evolutivo inmediato. Apostar por un cambio radical en la organización es un error que deriva en frustraciones. Adaptar una empresa a los nuevos retos que plantea la economía digital es, ante todo, un reto cultural, y los cambios culturales siempre son lentos. Además, la tecnología evoluciona constantemente, y con ella las necesidades de los clientes. Esto implica que la transformación digital es un proceso que no termina nunca. Su meta no es convertir la organización en algo nuevo, sino generar las condiciones para una constante evolución.
  2. Primero el discurso, luego la acción. La transformación digital no se anuncia: se lleva a cabo. Nunca está de más insistir en que el papel del liderazgo es crucial. Los jefes tienen que mostrarle a la organización cómo se hace y emplazar a los empleados a que sigan su ejemplo.

Nuevamente, una de las tareas más complejas, en un proceso de transformación, es establecer una nueva cultura. Las organizaciones que han llevado con éxito estos procesos, asumen que equivocarse es parte inevitable del proceso de gestación de las buenas ideas, establecen mecanismos de comunicación más horizontales y borran las fronteras entre sus distintas áreas. Si los altos mandos no llevan a la práctica estas consignas, ¿Pueden realmente esperar que sus subordinados lo hagan?

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